5 oct. 2008

Cuatro puntos críticos

El crítico a quien más agradezco es el capaz de hacerme mirar algo que no había mirado nunca o mirado con los ojos velados de prejuicios, de ponerme frente a eso y dejarme solo. De allí en adelante debo confiar en mi propia sensibilidad, mi inteligencia y mi capacidad de ganar sabiduría.

T. S. Eliot, Las fronteras de la crítica, 1956


El problema con los críticos es (como mínimo) triple: a) que se trate de comentaristas mediocres, que saben tan poco como nosotros; b) que manifiesten una clara predilección por un determinado tipo de literatura o, simplemente se dejen comprar por la industria editorial; y c) que se trate de escritores de talento que convierten la crítica en género literario autónomo (piénsese en Borges, por ejemplo), y acabemos leyendo las reseñas sobre los libros en vez de los propios Libros.
Joseph Brodsky, en Cómo leer un libro, 1988.

A veces le corresponderá al crítico condenar lo inferior y exponer lo fraudulento; aunque esta tarea es secundaria a la de discriminar el elogio de aquello que lo merece.

T. S. Eliot, Las fronteras...

Todo crítico es una excelente persona hasta que demuestre lo contrario.

Anónimo toledano s/f

6 comentarios:

Anónimo dijo...

La mayoría de críticos habrían querido ser escritores queridos, respetados y creativos en sus propias historias. Por eso se desquitan. Es natural.

Anónimo dijo...

Claro me refiero a los que destruyen.

Gustavo Valle dijo...

Anónimo, gracias por el comentario pero lamento no estar de acuerdo contigo. No niego que no haya individualidades que, como un doctor chiflado, se encierren en sus cubículos a drenar sus desdichas a través de una nota crítica. Pero esa idea no me cierra como concepto. Lo veo más como un guión de fantaciencia firmado por, no sé, Tod Browning... Y en cuanto a la "destrucción", me temo que una de las labores del crítico es, lo dice Eliot, "condenar lo inferior y exponer lo fraudulento". La diferencia estará en el estilo, o en la proporción de mala leche que el crítico agregue a su caldo. Pero incluso la mala leche es rasgo de estilo (a veces un rasgo ético) y también muchos escritores hacen uso, y hasta buen uso, de ella.
Saludos.

María Antonieta Arnal dijo...

La verdad, toda crítica que se haga, bien sea a una obra de arte o a una persona en especial, es algo muy delicado porque están en juego sus sentimientos, sensibilidad... Lo mejor es hablar cuando se conoce muy bien del tema y cuando se conoce bien a la persona para no herir susceptibilidades, en vez de criticar por criticar.

Luis Moreno Villamediana dijo...

Ciertamente, algo hay de mala leche en la obra de Jesús Semprum, por ejemplo; su talento consistía en usarla en la denuncia de lo fraudulento. Esa práctica no es en absoluto desdeñable. En todos los extractos que forman tu post hay mucho de verdad. Al de Brodsky, sin embargo, le haría falta un apéndice, derivado del tercer punto. Hay escritores de talento que sin duda convierten la crítica en un género autónomo (pienso, claro, en Borges), lo que nos hace leer las reseñas con atención y gusto, sin por ello olvidarnos de los propios libros. (Piglia es alguien cuyas opiniones son también suficientemente autónomas, y Walter Benjamin.)

Saludos.

Gustavo Valle dijo...

Lo que dices, Luis es francamente cierto y razonable, y estoy de acuerdo contigo, pero me gusta lo de Brodsky precisamente porque no está dentro de lo razonable, sino dentro de una convicción arbitraria, sí, injusta quizás, pero le sale, se lo cree, y no le importa. Últimamente me gustan estos individuos que no necesariamente tienen la razón, sino que tienen otra cosa: no sé cómo llamarlo, carácter, quizás? En fin. Como los personajes de ficción, que no tienen la razón sino su razón, y eso les permite dialogar, enfrentarse, así la cosa avanza, o se pierde. Pero no me hagas caso: últimamente veo ficción hasta en los ensayos, hasta en la crítica.
Va un abrazo.