10 oct. 2008

El escritor fantasma


Prefiero la traducción literal del inglés Ghost Writer=escritor fantasma, y no esa que acuñaron los españoles de "escritor negro" o "negro", a secas, demasiado funeraria y franquista para mi gusto, medio gore, y que en nada se alía con la
luminosidad del oficio.

De modo que hablemos de escritor fantasma en vez de escritor negro, y para empezar digamos:

1.-Todo lo que está por comentarse no tiene nada que ver con ese libro del señor Sábato, El escritor y sus fantasmas.

2.-Los escritores fantasmas no asustan.

3.-Los escritores fantasmas no andan con sábanas blancas encima.

Lo digo porque un día, cuando le comenté a una amiga que estaba trabajando como escritor fantasma, me dijo: "Gustavo, mira que tienes un niño pequeño". Y lo dijo como advirtiéndome de algo grave, como si yo estuviera perpetrando un delito, como si le diera un mal ejemplo al chamo. En fin.

Otro asunto que quiero comentar es:

4.-Los escritores fantasmas exigimos la conformación inmediata de un gremio o sindicato que se ocupe de nuestros intereses para nada fantasmas de modo de avanzar en la creación inmediata de un fideicomiso destinado al montepío, el crédito blando para vivienda y vehículo de uso recreativo así como la afiliación a un seguro médico para todos los colegas y familiares y... (perdón, este no es el lugar para hablar de esto).

5.-Escritores fantasmas son todos los escritores de este horrible planeta.

Este último punto obliga a una aclaración mínima. En primero lugar, todo escritor es un ser de las tinieblas, lo más parecido a un alma en pena. Los escritores suelen deambular por las casas a altas horas de la noche arrastrando sus pantuflas y también sus ideas. Además, se la pasan murmurando y estableciendo diálogos con la sombra. A veces, incluso, de manera agresiva. Por eso hay quienes los denominan "púgiles invisibles". Por todo esto podemos colegir que un escritor, cualquiera sea su raza o religión, es lo más parecido a un fantasma.

Luego, todo escritor escribe para alguien (uno o varios lectores), pero también escribe para un escritor, es decir para sí mismo, y aún más: escribe para otros escritores, para sus pares, sus colegas. Y hay quienes escriben para los críticos, que es el colmo de la aberración de este oficio aberrante. Y bueno, igual que cualquiera de los tipos mencionados, el escritor fantasma también escribe para un otro.

Me dirán que la diferencia está en que el escritor fantasma no firma sus libros sino que permite que otro, u otros, o una institución, o un prestamista, o un narcotraficante, se abrogue la autoría de su obra. Y hay quienes consideran esto una debilidad, una cesión de derechos, una capitulación, o hasta una manera moralmente aceptada de prostituirse. Pero nada más erróneo. Lo que ocurre es que el escritor fantasma lleva al extremo aquel exitoso axioma rimbaudiano que dice: "Yo es otro". E incluso aplica el mismo axioma al producto de su trabajo: "este libro es otro libro". Así, al ser otro libro su libro, éste no le pertenece. De modo que si yo no soy yo, y mi libro no es mi libro, el asunto se reduce a pasar por cajar y retirar el cheque.

Pero la cosa no es tan sencilla. El escritor fantasma tiene una relación fantasmática con el dinero. Escribir cuesta plata, se dice, y lo afirma con una convicción que aterra. Pero como es un individuo en la sombra, en sus manos la plata pierde brillo. Por eso el escritor fantasma es un ser melancólico.

Cuando se reune con sus colegas habla de cosas aparentemente nada fantasmales: las noticias que aparecen en el periódico. Y muchas veces duda de que, por ejemplo, un artículo de Vargas Llosa no sea de Vargas Llosa, sino del fantasma de Isaiah Berlin. Porque el verdadero problema con los escritores fantasmas es que ven fantasmas por todos lados. Y no es que tengan alucinaciones, no. Es que se toman tan en serio su trabajo, que su capacidad de observación se agudiza al punto de tener auténticos contactos del tercer tipo, con gente que habita el más allá. Y al frecuentar ese exomundo, esos salones de sombras y aparecidos, se entrenan a diario en las difíciles artes de escribir sin ser vistos.

Y para terminar:

6.- Los escritores fantasmas escriben exactamente lo mismo que escriben los escritores no fantasmas: textos fantasmas.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Para: Gustavo
-Muy buen post-.
De: un escritor fantasma.

Veronica dijo...

Muy oportuno tu texto fantasma en esta temporada de Halloween. Te disfrazaras de fantasma para hacerle honor al gremio?
Excelente tu blog!
Vero

María Antonieta Arnal dijo...

La verdad, aunque todos los artistas (visuales, músicos, escritores...) necesitan del reconocimiento para sobrevivir, es mejor ser un artista fantasma, callado y honesto, que vivir esa gloria falsa y banal que al final se queda allí, en el tiempo y en el espacio, y no trasciende.

Luis Moreno Villamediana dijo...

Soy muy envidioso, Gustavo. Cuando leo un texto inteligente me pongo verde y pienso: tengo que tratar de imaginar algo medianamente inteligente para no quedarme atrás aullándole a la luna. Me toca admitir que solamente he pensado en lo siguiente, a medio camino entre palo de ahogado y anuncio publicitario:

Entre los textos fantasmas que mencionas al final del post, están los libros apócrifos, de existencia potencial, casi caritativa. Su fantasmagoría puede ser de varias especies: o forman una literatura a partir de un simple título, sin más, o se encargan de acentuar el desvanecimiento del autor al falsamente acreditar la autoría de páginas y páginas a un nombre falso o a un mero espectro. De cosas como éstas habla el libro de mi inteligente amigo Víctor Azuaje en “La crítica de la obra ausente” (Maracaibo: Universidad del Zulia/Gobernación del Estado Zulia, 1995), libro que ganó la I Bienal de Ensayo Enrique Bernardo Núñez, del Ateneo de Valencia.

Gustavo Valle dijo...

-Gracias, anónimo/fantasma.

-Vero, no pensé en Halloween cuando escribi esto, pero me has dado una muy buena idea. Gracias.

-María Antonieta, artista, saludos.

-Luis, la inteligencia es un espejismo, lo que importa es compartir, gracias por tus palabras, y gracias por el dato del libro de Azuaje, no lo conocía. Cuando vaya por allá lo buscaré.
Abrazo.

Anónimo dijo...

Me gusta el dibujo, lo hiciste tú¿

Gustavo Valle dijo...

No, anónimo, pertenece a un niño de una escuela en Andalucía.