15 nov. 2008

Papas


Hace calor. Mucho calor. Yo diría que demasiado calor ¿Existirá una temperatura adecuada para escribir? Ahora, en este mismo instante, siento que todo se empegosta, se achicharra, se estruja. La vida misma se convierte en una plancha caliente de zinc (¿podría ser otra cosa?) Y mis pensamientos son una nubecilla viscosa que se mezcla en la vibración de la tarde junto con los mosquitos que ya comienzan a llegar. Además, uno escribe con el cuerpo, solía decir Alfredo Silva Estrada, secundado por su esposa la bailarina Sonia Sanoja. Y el cuerpo, este cuerpo, más específicamente estas atribuladas posaderas, estos sobacos orgullosos, este cuello doblegado, en fin, todo esto, está ahora acoplado a una silla, con los poros dramáticamente abiertos, frente a una mesa, mirando una pantalla.

Por alguna razón que no puedo explicarme nos han vendido (y hemos comprado) la idea de un escritor metido en un cuartucho, un ático sofocante, una Chambre de bonne. Un tipo medio sucio, medio loco, abstraído del mundo, concentrado en sus letras y por supuesto pasando hambre pero sobre todo pasando frío (afuera, tras el cristal de su ventanuco se ven caer los blancos copos, una cortina de copos que parece reforzar el blanco más blanco de su página en blanco… en fin). La imagen no es del todo desacertada, pero tampoco suficiente. Alguien, no sé quién o quiénes, ha querido convencernos de que el invierno, el crudo invierno, es la época del recogimiento y de la exploración de nuestro mundo interior. Podemos estar de acuerdo con lo del recogimiento, pero no en cuanto a lo del mundo interior. Yo estoy seguro de que uno accede más y mejor al mundo interior propio cuando tiene el cuerpo bañado en sudor y no mientras tirita de frío.

Todo esto lo comento debido a que, desde hace algunos años, he descubierto que los cambios climáticos afectan mis proyectos. No fue fácil llegar a esta conclusión, pues no me dedico ni a la agricultura ni a la jardinería, aunque a veces lo parezca, ojo. De modo que tras largos años de inconciencia individual, de vida irrazonable, de espejo empañado, he podido darme cuenta de esto: en invierno leo, en verano escribo.

Aunque habría que matizar: en invierno leo acostado y en verano leo sentado. En invierno escribo artículos, en verano escribo otras cosas. Como ven, todavía no lo tengo muy claro, pero ahí vamos, trabajando en eso. De lo que sí estoy convencido es de lo siguiente: el sudor está íntimamente ligado a esta descabellada tarea de acumulación y selección de fantasmas. Se equivocan aquellos que piensan que, por uno estar sentado todo el día, no suda ni una gota. El vulgo, siempre el maldito vulgo, lo ve a uno frente a la pantalla y cree que uno está contemplando ángeles o mirando el viento pasar. Pues no. Ya lo djo el poeta: “sin sudor no hay rima”. Y el narrador: “sin violín no hay orquesta”.

Ayer, cuando fui a la verdulería y compré papas, advertí que de la piel de las papas nacían diminutas raicillas. Pero las papas no estaban podridas. Después de palparlas me di cuenta de que estaban firmes, saludables y apetitosas. El verdulero, al verme toqueteándolas, me dijo: “sólo se han brotado por el calor”. Y bueno, que así sea, pensé cuando llegué a casa y me senté de nuevo a tabajar. Que brote --sabiduría de verdulero-- algo en este sofocante verano anticipado, que algo venga aparejado (y no podrido) a este bochornoso calor porteño. Así sea la sucia y misericordiosa raíz de una papa andina; o una pelusita, un poco de espuma, un diminuto simulacro en forma de palabras, no sé, algo que justifique estos interminables días que se empegostan, se achicharran y se estrujan.

7 comentarios:

Carolina Lozada dijo...

Hola Gustavo:
Me hiciste recordar mi único pedazo de verano en Buenos Aires. Tenía tres días para recorrer la ciudad y poca plata. Y en menos de 72 horas se acababa el año viejo. Caminatas, ómnibus, el o La Boca (que huele, literalmente, a mierda) las plazas con los bustos de bronce robados, la ira de un país estafado pintada en las paredes de las calles. Las facturas, el dulce de leche, el café con soda y masitas. Las calles de Charly, las canciones de Fito.
Extraña navidad y año nuevo para nosotros, los del trópico, acostumbrados a la televisión del norte con nieve y hombres rojos. Y aquel sur tan caliente.

Lena dijo...

Yo soy al revés.

Escribo en invierno.

En verano casi no existo...

Un abrazo!

Luis Moreno Villamediana dijo...

Gustavo:

Yo viví por ocho años en las antípodas, la idea de un fin de año veraniego me perturba un poco, es verdad. En Louisiana, el verano implica que el océano se muda a tierra firme, así de húmedo es. Por esa razón resulta fácil recogerse entre junio y septiembre, volverse introspectivo a fuerza de no pisar la calle. Además, la organización académica norteamericana te permite disponer de esos meses con mucha libertad, de modo que también para mí era posible dedicarme con mayor atención a los otros proyectos. Y el frío me permitía caminar, pasear con tranquilidad mirándolo todo mientras iba a una cafetería. Para quienes nacimos y vivimos tantos años en La-ciudad-que- anodinamente-se-jacta-del-calor-y-adonde-no-quiero-regresar-salvo-de-visita, esos meses de otoño e invierno eran el recordatorio de que hay un paraíso modesto pero no inalcanzable.

Gustavo Valle dijo...

-Carolina,
¿cuándo estuviste, 2001-2002? Y sí, yo todavía no me acostumbro, aca Papá Noel nos visita en bermudas y chancletas.

-Lena,
es que esto es el mundo al revés, acá las cosas andan boca abajo.

-Luis,
me pasa lo mismo, el invierno (moderado) es para caminarlo. Hace mucho tiempo, curiosamente, escribía caminando, pero por fortuna ya se me quitó esa cosa peripatética. "Un paraíso modesto pero no inalcanzable", qué bueno suena suena eso!

Luis Moreno Villamediana dijo...

Menos mal que te olvidaste de esa escritura ambulante, Gustavo. Esa práctica tiene más peligro que el acto de escribir un panfleto contra cualquiera que sea el gobierno de turno, si ese gobierno no tiene humor ni buenos lectores. Fíjate lo que le pasó al pobre José Gregorio Hernández: lo atropelló un carro en el momento en el que completaba un récipe urgente. Por eso murieron él y el paciente. Mala pata.

Tabita dijo...

Me gusta un buen blog que no esté atiborrado de comentarios, esos que tienen 70 mensajes por post son realmente exasperantes.

Espero que no te hagas famoso pronto para poder escribirte muchas estupideces, mientras aún te ves obligado a leerlas.

Saludos.

pd: ¿cuando estará tu novela en las librerías?

Gustavo Valle dijo...

-Tabita, gracias. Y también gracias por pasar y por el comentario. La novela saldrá en marzo del próximo año.
Saluditos.